4 de julio de 2012

LA HISTORIA INTERMINABLE

La Historia Interminable


Me he permitido utilizar el título de la novela de Michael Ende y el fotograma de la película, para iniciar nuestra historia reciente.

En los albores del año 2.009 en la Asamblea anual estatutaria, sin ánimo de ser adivino ni profeta, comenté la necesidad de iniciar un proceso de austeridad económica dado el desarrollo del ejercicio 2.008 y la merma de ingresos por subvenciones. Algunas críticas se alzaron desde los asistentes a la Asamblea pese a las cuales y con el apoyo de la mayoría iniciamos un período de austeridad en los gastos corrientes, suprimiendo algunas partidas y reduciendo la dotación de otras.

Ya en el año 2.010 planteamos, en la Asamblea, la conveniencia de reducir la partida de gastos correspondiente al alquiler del Local Social ora mediante un pacto con la propiedad, bien buscando una nueva Sede Social. El encargo, como no, quedó en manos del Vicepresidente (Joaquín Collado) y del Presidente (el que suscribe). No obstante lo anterior, se solicitó la colaboración de los socios a fin de que nos pasaran información de locales en alquiler ubicados en zonas de Valencia de fácil acceso y comunicación mediante transporte urbano (metro, tranvía y Bus).


Tras infructuosas conversaciones con la Propiedad, a través del Administrador, iniciamos Joaquín y yo el proceso de selección de un local, más o menos idóneo, bien comunicado y céntrico.


Entre los locales que nos facilitaron algunos socios y los que localizamos Joaquín y yo, fueron más de dos centenares los que, teóricamente, cumplían nuestras necesidades. Muchos de ellos fueron visitados y descartados.


Llegó el año 2.011 y, aún, nos manteníamos en el mismo local sufragando los gastos de alquiler, los de comunidad y el recibo de contribución urbana; todos ellos consumían la inmensa mayoría de nuestros recursos económicos provenientes de las cuotas sociales. Recordad no nos habían reconocido las subvenciones públicas que percibíamos años anteriores.


Ante la precaria situación económica que éstos hechos nos hacía padecer y dado que estábamos consumiendo los escasos recursos (ahorros) conseguidos en años anteriores, admitimos –conjunta y solidariamente con todos los socios- la obligación de encontrar un nuevo local antes de la Asamblea del siguiente año (2.012).


La crisis y la precaria situación económica general, que por una parte nos asfixiaba a nivel monetario, facilitó la localización de un local en planta baja, muy próximo a la Sede de Agfoval y con unas condiciones económicas favorables, dado que suponía un ahorro anual próximo a los 3.000 € ya que el local carecía de gastos de comunidad, el alquiler era más económico y el recibo de contribución urbana corría a cargo de la propiedad.


Críticas fueron las negociaciones llegando, incluso, a levantarnos de la mesa ante la intransigencia del Letrado asesor de la propiedad. La perseverancia, el buen hacer y el buen nombre de AGFOVAL dieron sus frutos permitiendo la firma del contrato el día 15 de Marzo (si mal no recuerdo) en condiciones óptimas para AGFOVAL y con carencia de canon arrendaticio hasta Julio, exclusive, de éste año.


Ante la Asamblea del corriente año se pudo informar de la firma del contrato y la necesidad de colaboración de todos los socios al objeto de adecuar el local (estaba bastante abandonado) y efectuar las labores de traslado.


Iniciamos los trabajos de adecuación en el mes de Abril ………


Me permitiréis modifique “un poco” el texto de las Sagradas Escrituras (Mat. 22.14) “Muchos fueron los llamados y pocos los que contestaron”.


Llegó el mes de Mayo, mes en el que a su fin debíamos entregar las llaves del antiguo local.


El trabajo de adecuación del nuevo, pese al esfuerzo de la Junta Directiva y de los pocos socios que respondieron a la llamada, aún no estaba finalizado. Así pues, nos vimos en la tesitura de tener que trasladar todo el mobiliario y enseres del antiguo local al nuevo pese a la situación en que éste último se encontraba teniendo, incluso, que contratar ayuda externa para las labores de traslado de los muebles y la fototeca.


Hoy estábamos José Trenzano y yo, solos, en el local; él recortando la pintura del techo de la sala principal de exposiciones y yo remasillando e igualando las juntas del pladur cuando se nos ha ocurrido la idea de comunicar a los socios, día a día, el trabajo que realizamos y la colaboración recibida de los socios.


Así pues, diariamente, recibiréis por e-mail un “cuaderno de bitácora” en el que indicaremos:


1.Colaboradores que han trabajado en el local en el día.


2.Trabajos realizados


3.Previsión de trabajo para el día siguiente.


Como final, de la historia interminable a fecha de hoy, recuerdo el comentario de un profesor respecto a la respuesta en el examen de un alumno.


La pregunta era: “Diga Vd. cuantos eran los Evangelistas y su nombre”.


Tras meditar concienzudamente la pregunta, el alumno contestó:


Los CUATRO Evangelistas son TRES:


San MATEO y San MARCOS.


Posiblemente os preguntéis a que viene éste recuerdo ….


Pues bien, de todos los Socios llamados, unos pocos han contestado y hoy, 2 de julio, sólo éramos DOS los que estábamos trabajando en el local.


La sede o local social de AGFOVAL entendemos debe ser para el uso y disfrute de todos y cada uno de los socios; así pues, entendemos, también debe ser DEVOCION de todos los socios y no de unos “muy pocos” el conseguir ponerla en condiciones óptimas de uso y disfrute.


Un cordial saludo para todos.


Rafael Valero


Presidente de AGFOVAL.

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